jueves, 30 de agosto de 2007

Escribió Álvaro Lopez Núñez, leonés insigne :

Cuando los lobos se enteraron de que un filósofo llamado Hobbes había dicho que "el hombre es el lobo para el hombre", se reunieron en una gran asamblea y acordaron por unanimidad exigir reparación de aquella injuria.


martes, 21 de agosto de 2007

Cuento robado

EL OTRO YO
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz y roncaba en la siesta. Se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.


Mario Benedetti

Yann Tiersen: Le Moulin http://www.youtube.com/watch?v=Hm0g5trWV9c

martes, 14 de agosto de 2007

Saudade

Hoy volvió a recordar tiempos pasados. En la distancia, la silueta del chico con el que compartió algunos de los momentos más amargos y los momentos más felices, se vislumbraba a través del barullo de gente que subía y bajaba la calle principal. Los casi seis años que estuvieron juntos pasaron rápidamente por su mente e incluso por sus ojos.


Seguía como siempre. Quizás los excesos cometidos habían dejado huella en su cara, en su pelo. Pero el aspecto era bueno. Parecía que las cosas iban adelante y que los tiempos pasados habían sido olvidados.



-He decidido acabar con todo lo que hace que mi entorno sufra y ahora me hace ahora sufrir a mi, le dijo a la joven.


Ella había oído la misma frase centenares de veces. Lo había creído, pero esta vez no. Deseaba con todo el alma que fuera así, pero su escepticismo no le permitía sonreír confirmando que esta vez sería diferente, que sería la definitiva.


Intentó ayudarle multitud de veces, luchó por él, lo defendió, lo llevó de la mano, pero no pudo arrastrarle del mundo oscuro, desgarrador, envolvente, horroroso, mortal, en el que había caído. Siempre se preguntó si podría haber hecho más por él.